Cómo elegir el mejor cuento

¿Cuál es el mejor cuento para un niño? ¿qué claves debemos tener en cuenta a la hora de elegirlo? Desde estas líneas me gustaría poner a vuestra disposición algunas claves para tener éxito a la hora de seleccionar el cuento más adecuado.

En contra de lo que pudiera parecer, los niños son muy exigentes y debemos reservar siempre un margen de error relacionado con los gustos de cada uno, pero espero poder contribuir con mi granito de arena a acertar en alto porcentaje eligiendo la mejor opción.

De modo que si estás perdida/o buscando el cuento más adecuado para esa niña o niño que tienes cerca…..sigue leyendo.

Para empezar creo que un cuento debe ser ante todo, divertido. La finalidad principal de un cuento es entretener, hacer pasar un buen rato. Y esto no se nos debe olvidar nunca. Un cuento educativo, de bellísimas ilustraciones y textos primorosos puede ser soberanamente aburrido. Por lo que antes de decantarnos por aspectos estéticos, poéticos o argumentales, debemos preguntarnos: ¿es divertido?

Otra propiedad fundamental del cuento es su adecuación con respecto a la edad del niño o niña. Los intereses y conflictos son diferentes en función de la edad del menor; además, el niño deberá estar preparado para comprender la historia y gestionar las emociones que suscita el cuento. Por este motivo, tener en cuenta el grado de madurez cognitiva y emocional va a ayudarnos a realizar la mejor selección.

En muchos libros aparece la edad recomendada; de hecho, desde la web www.lavidaencuentos.com podemos encontrar la relación de cuentos con las edades sugeridas para cada obra. Pero esto son solo recomendaciones, sugerencias, observaciones; es decir, meras orientaciones que en todo caso deberán estar acompañadas siempre que sea posible, del conocimiento profundo de cada niño al que va destinado nuestra historia.

Las características formales del cuento, esto es, el tipo de ilustración, la maquetación o el encuadernado, no son menos importantes. Buscaremos cuentos resistentes para los más pequeños; los cuentos duros, con bordes redondeados, páginas plastificadas, dibujos grandes y sencillos, realistas, coloridos y con textos mínimos o inexistentes; estarán indicados en niños menores de 2 años y medio.

Los cuentos con “pop-ups” (desplegables interiores) los reservaremos para más adelante, ya que son frágiles y además, el niño puede cortarse. Claro está, si el cuento va a ser utilizado con el adulto, entonces podremos elegir cualquiera de los formatos. Mi recomendación es tener “un poco de todo”, pero dejar a su alcance, si es menor de 2 o 3 años, únicamente los cuentos duros.

El encuaderno cartoné le aportará al cuento consistencia y lo hará más estético; pero otros formatos de última tendencia como la espiral, permitirán al niño pasar la página completamente, lo cual evitará que fuerce las tapas. En todo caso, reservaría los libros con páginas de grosores medios para edades más allá de los 2 años y medio o 3 años.

Con respecto al contenido, los gustos irán cambiando. Hasta los 3 años se decantarán por historias relacionadas con sus vidas cotidianas, hábitos y autonomía. El argumento deberá ser sumamente sencillo, con objetos reconocibles y cotidianos, ampliamente presentes en la vida del niño o niña. Un cuento sobre una niña que empieza a ir a la escuela infantil, un niño que visita a la pediatra, el momento del baño, de la comida o de ir a dormir, cautivará al pequeño desde la primera página.

Entre los 3 y los 5 años, comienzan a interesarse por los cuentos cuyos protagonistas son animales. Animales a los que les suceden cosas de humanos y en los cuales se reflejan valores sociales y diferentes formas de ser. Se trata de personajes sumamente estereotipados pero muy atractivos en estas edades. Los niños necesitan organizar su mundo de manera muy sencilla, lo bueno y lo malo, el listo y el tonto, el rápido y el lento, el grande y el pequeño. Suelen emplear recursos como la retahíla, repeticiones que los niños aprenden rápidamente. En estas historias, interviene ya el humor y la sorpresa como ingredientes adicionales que apenas encontrábamos en los cuentos para más pequeños. La complejidad la advertimos también al encontrar que ya existe un núcleo y un desenlace en el argumento.

A partir de los 5 años podremos introducir historias fantásticas; cuentos de aventuras donde aparezcan seres mitológicos, el bien y el mal se encuentren encarnados en diferentes personajes y las historias sean tan complejas que no sea posible anticipar el desenlace; eso sí, siempre con final feliz de modo que toda la angustia que se vierta en el nudo quede liberada en la resolución.

En este tipo de historias, los roles de unos y otros personajes (el villano, la villana, el héroe o la heroína) estarán fuertemente definidos, pero su personalidad será más compleja que en los cuentos de animales y entrarán en juego aspectos como el pasado del personaje que expliquen por qué se comportan de ese modo.

Parejo a los cuentos de animales y fantásticos no debemos perder de vista otra línea: los cuentos cotidianos. En estos, la temática estará relacionada con las circunstancias de la vida de los niños que puedan resultar conflictivas. Permitirán que se reflejen en los personajes, que como ellas y ellos sean niños que vivan circunstancias similares, de un modo aún más directo, sin mediación de princesas o dragones.

Esta proyección más natural es otra tendencia igualmente válida o incluso más eficaz a través de la cual el menor pueda sentirse comprendido, acompañado e identificado; y encuentre soluciones a sus conflictos mediante un intérprete de su propia vida.

Como vemos, el abanico es amplísimo. La industria de la literatura infantil oferta cuentos para niños desde los 0 años en adelante, y abarca todo tipo de historias, ilustraciones y formatos; respondiendo a la amplia mezcolanza de gustos e intereses de cada uno. Existen tantos títulos que si no sabemos por dónde empezar correremos el riesgo de perdernos en el casi inagotable catálogo de los cuentos infantiles…y acabar naufragando con un cuento desacertado. Espero haberte ayudado, y que la próxima vez que te halles en la tarea de buscar un cuento para ese niño en el que piensas, encuentres el título perfecto; aquel cuento inolvidable que haga, del ratito de disfrutarlo un momento tan especial, que el niño quiera revivirlo una y mil veces.

¿Por qué contar cuentos?

      Hemos escuchado tantas respuestas a esta pregunta… Pero… ¿existen verdaderas razones? ¿el éxito que vayamos a tener en la vida depende o no de los cuentos que nos hayan contado de pequeños? Actualmente, y en la sociedad en la que vivimos, es innegable que el éxito académico se fundamenta en la lectura y el hecho de haber desarrollado una inclinación hacia la misma facilitará bastante nuestra adaptación en el mundo adulto. Pero existen otras muchas ventajas asociadas al hábito de la lectura que pueden contribuir al desarrollo de las potencialidades infantiles.

Cuando hablamos de los beneficios de la lectura y la prelectura, normalmente hacemos alusión a efectos a medio y largo plazo, esto es, relacionados con el correcto desarrollo cerebral infantil. Los más conocidos, los que nos habrán venido a la cabeza si nos formulamos la pregunta: “¿por qué es importante contar cuentos?” seguramente tengan que ver con funciones cognitivas tales como el lenguaje, la memoria, la atención y el razonamiento. A través de los cuentos, enriquecemos nuestro vocabulario, aprendemos a construir frases y mejoramos la comprensión. Desarrollamos la memoria y la capacidad para mantener la atención y estar concentrados en una tarea. Además, nos invita a imaginar: ¿qué pasaría si…? ¿qué pasará si…? ¿qué hubiera pasado si…? Y a poner en marcha nuestra capacidad para anticipar y planificar, activando el lóbulo frontal.
Otras razones, quizás menos comentadas pero no por ello menos importantes son todas aquellas relacionadas con la socialización de los niños y niñas. Vivir experiencias a través de los personajes de los cuentos contribuye al desarrollo de la empatía, la capacidad de ponerse en la piel del otro y de intentar comprender el mundo desde esta nueva perspectiva. Ese esfuerzo amplía el horizonte de los niños: se adquieren nuevos valores y modelos de conducta y se desarrolla el pensamiento crítico hacia las actitudes disonantes. Por medio de los cuentos, las niñas y niños pueden identificarse con los diferentes personajes que viven situaciones similares a las suyas y descubrir nuevas formas de solucionar sus conflictos; sintiéndose además acompañados y reconfortados ante la vivencia compartida de circunstancias particulares.
Pero existen otras consecuencias maravillosas que van más allá del desarrollo de potencialidades psíquicas, la preparación para la vida adulta o el cultivo emocional; se trata de beneficios instantáneos que se desprenden del sencillo acto de contar un cuento y de los cuales también disfruta la persona adulta; por citar un puñado: complicidad, amor, diversión o sorpresa.
El momento del cuento genera por sí mismo una atmósfera de intimidad y relación exclusiva; es un espacio para compartir y una ventana de relax que nos transporta al lugar en el que los adultos no estamos nunca: el presente.
Desaprender el mal hábito de vivir tanto centrados en el pasado ¿qué hice? ¿qué no hice?; como en el futuro ¿qué haré?, es una de las máximas del camino hacia la felicidad y es mediante tareas sencillas, mágicas e intensas, como el momento del cuento, en las que podemos disfrutar, centrarnos, dejarnos llevar y dedicar un tiempo de calidad en la relación con los niños.
Es precisamente en ese espacio cuando estamos aquí y ahora y podemos conectar con el niño y sólo con el niño, rompiendo con el pasado y con el futuro, y entregándonos al momento, habitando el cuento, y dejándonos invadir por el presente.