¿Por qué contar cuentos?

      Hemos escuchado tantas respuestas a esta pregunta… Pero… ¿existen verdaderas razones? ¿el éxito que vayamos a tener en la vida depende o no de los cuentos que nos hayan contado de pequeños? Actualmente, y en la sociedad en la que vivimos, es innegable que el éxito académico se fundamenta en la lectura y el hecho de haber desarrollado una inclinación hacia la misma facilitará bastante nuestra adaptación en el mundo adulto. Pero existen otras muchas ventajas asociadas al hábito de la lectura que pueden contribuir al desarrollo de las potencialidades infantiles.

Cuando hablamos de los beneficios de la lectura y la prelectura, normalmente hacemos alusión a efectos a medio y largo plazo, esto es, relacionados con el correcto desarrollo cerebral infantil. Los más conocidos, los que nos habrán venido a la cabeza si nos formulamos la pregunta: “¿por qué es importante contar cuentos?” seguramente tengan que ver con funciones cognitivas tales como el lenguaje, la memoria, la atención y el razonamiento. A través de los cuentos, enriquecemos nuestro vocabulario, aprendemos a construir frases y mejoramos la comprensión. Desarrollamos la memoria y la capacidad para mantener la atención y estar concentrados en una tarea. Además, nos invita a imaginar: ¿qué pasaría si…? ¿qué pasará si…? ¿qué hubiera pasado si…? Y a poner en marcha nuestra capacidad para anticipar y planificar, activando el lóbulo frontal.
Otras razones, quizás menos comentadas pero no por ello menos importantes son todas aquellas relacionadas con la socialización de los niños y niñas. Vivir experiencias a través de los personajes de los cuentos contribuye al desarrollo de la empatía, la capacidad de ponerse en la piel del otro y de intentar comprender el mundo desde esta nueva perspectiva. Ese esfuerzo amplía el horizonte de los niños: se adquieren nuevos valores y modelos de conducta y se desarrolla el pensamiento crítico hacia las actitudes disonantes. Por medio de los cuentos, las niñas y niños pueden identificarse con los diferentes personajes que viven situaciones similares a las suyas y descubrir nuevas formas de solucionar sus conflictos; sintiéndose además acompañados y reconfortados ante la vivencia compartida de circunstancias particulares.
Pero existen otras consecuencias maravillosas que van más allá del desarrollo de potencialidades psíquicas, la preparación para la vida adulta o el cultivo emocional; se trata de beneficios instantáneos que se desprenden del sencillo acto de contar un cuento y de los cuales también disfruta la persona adulta; por citar un puñado: complicidad, amor, diversión o sorpresa.
El momento del cuento genera por sí mismo una atmósfera de intimidad y relación exclusiva; es un espacio para compartir y una ventana de relax que nos transporta al lugar en el que los adultos no estamos nunca: el presente.
Desaprender el mal hábito de vivir tanto centrados en el pasado ¿qué hice? ¿qué no hice?; como en el futuro ¿qué haré?, es una de las máximas del camino hacia la felicidad y es mediante tareas sencillas, mágicas e intensas, como el momento del cuento, en las que podemos disfrutar, centrarnos, dejarnos llevar y dedicar un tiempo de calidad en la relación con los niños.
Es precisamente en ese espacio cuando estamos aquí y ahora y podemos conectar con el niño y sólo con el niño, rompiendo con el pasado y con el futuro, y entregándonos al momento, habitando el cuento, y dejándonos invadir por el presente.

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