¿Qué nos pasó con la poesía?

Doña Chispita huele a mofeta.                                                                                           Siendo cerdita, es muy coqueta

Podrían parecer los primeros versos de un poema de Gloria Fuertes, pero no; se trata de un poema de Esmeralda Carroza, Chispita la Cerdita, que pertenece a su Animalario Divertido para Niños Aburridos. Y doy fe de que es divertido.animalario

Este fin de semana tuve la suerte de compartir stand en la II Feria del Libro de Rivas con poetas; y así llegó el Animalario a mis manos.  Desde entonces estoy sumergida en un mundo de Ovejaburros, Chorlitos y lobos constipados, ya que mi hijo de cuatro años me persigue por casa pidiéndome que le recite un poema tras otro. Y no me extraña, porque para mí, la poesía infantil, y concretamente, la poesía de Esmeralda, tiene ese no se qué que engancha; tan chispeante y con ese puntito de frescura que hace que leas un montón de poemas sin poder parar y sin casi darte cuenta.

A los niños que me voy encontrando, les encanta. Les hace reír. Les hace pensar. Les hace imaginar. Gloria Fuertes dijo que “un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre las manos” y pienso en cuánto puede tener esto de cierto. Desarrollar en los peques el gusto por la poesía es enredarles en la belleza de las palabras y aprender a utilizar el lenguaje como el arma más contundente.

luna

Pero volvamos a la poesía infantil. Hurgando en la red, me he dado cuenta de lo poco que se ha escrito sobre este género. Abundan las poesías, hay muchas muy malas, malísimas, y también hay montones de joyas entre bytes y búsquedas de google. Pero hay tan poco acerca de por qué la poesía… Lo cual, me resulta curioso, ya que la poesía es una de las primeras formas de contacto que tienen los niños con el lenguaje. Ahí tenemos  las nanas… Dulces poemas cantados. O tantas y tantas poesías anónimas que se enseñan desde la escuela infantil y que tanto nos gusta oír recitar a los niños.

La musicalidad, lo escueto de los versos, la métrica regular, la rima normalmente consonante, la temática muchas veces disparatada, muchas veces tierna y siempre sencilla, le otorga a la poesía infantil una posición privilegiada entre los géneros que prefieren los niños. Lo curioso es que esto no siempre se corresponde con la realidad de la literatura que tenemos en casa para ellos, lo que elegimos en las bibliotecas y lo que más suele llamar nuestra atención, como personas adultas. ¿Por qué? ¿en qué momento nos desapegamos de la poesía? La poesía favorece el recuerdo; cuando recitamos poesía es casi como si estuviésemos cantando y además, favorece el desarrollo del lenguaje. A través de la poesía aprendemos sin darnos cuenta nuevas palabras y nuevas formas de decir las cosas; y cuando recitamos, tenemos que hacerlo jugando con la entonación,  gesticulando y exagerando…¡tiene tanto de teatro!

Por eso, creo que debemos volver a la poesía y concederle, en nuestros estantes, ese lugar de honor que nunca debió perder.

Y antes de despedirme, os dejo el poema El Arbolillo, de Mª Dolores Campuzano. Una delicada historia de Otoño que mi hijo aprendió y me enseñó a los 3 añitos.

Con hojas doradas                                                                                                               De color amarillo                                                                                                                       Estaba en otoño                                                                                                                      El triste arbolillo                                                                                                                      La lluvia caía                                                                                                                            El viento sopló                                                                                                                         Y el triste arbolillo                                                                                                                   Sin  hojas quedó

El Arbolillo